Sindicalización de jóvenes en Aotearoa, Nueva Zelanda

Se sabe de sobra que el movimiento sindical de Nueva Zelanda es poco prometedor. Como sucede en la mayoría de los países desarrollados del mundo, los sindicatos se han centrado durante demasiado tiempo en el sector público y en las industrias con un largo y rico historial de lucha y huelgas. No es que se tenga que cambiar necesariamente de enfoque, pero si los sindicatos quieren mantenerse en pie va a hacer falta explorar nuevas formas de implicar a las generaciones más jóvenes.

A la hora de sindicalizar a los trabajadores jóvenes hay que abordar dos retos clave:

La brecha generacional
A principios de los 90, el principal partido derechista nacional de Nueva Zelanda salió elegido e introdujo la Ley de Contratos de Empleo. Esta nueva legislación levantó unas barreras enormes, al tiempo que decidió prescindir de los derechos de los trabajadores y destruir los sindicatos de muchas industrias. Los sindicatos se convirtieron en agentes negociadores, y su acceso a los lugares de trabajo quedó muy limitado. Prácticamente de la noche a la mañana la densidad sindical general cayó del 50% al 22% a causa de la presión que se ejerció sobre los trabajadores para que firmaran acuerdos individuales. Esta situación duró nueve años, y sus consecuencias siguen patentes: toda una generación de jóvenes trabajadores cuyos padres no les hablan de los sindicatos y que por tanto no saben ni lo que es un sindicato, cuanto menos nada sobre el poder de mantenerse fuertes y luchar unidos.

Dónde trabajan los jóvenes
Los trabajadores jóvenes están empleados principalmente en puestos ocasionales o a tiempo parcial, en la industria minorista, de servicios y hotelera, donde los turnos no suelen estar normalizados y los períodos de trabajo son a menudo cortos. Los trabajadores jóvenes son inestables, cambian de un trabajo a otro y con frecuencia se enfrentan al acoso e intimidación por parte de empleadores antisindicalistas.

Una serie de sindicatos, no obstante, ha aceptado el desafío de la sindicalización en industrias en las que se emplea a mucha gente vulnerable, como son los jóvenes.

El Unite Union ha tenido un éxito enorme en la sindicalización de trabajadores del sector de la comida rápida, gracias a su remarcable campaña supersizemypay.com. A lo largo de 2005 y 2006 los trabajadores jóvenes de McDonalds, KFC, Starbucks, Pizza Hut y Burger King marcharon por las calles exigiendo tres cosas: un salario mínimo de $12 (antes era de $10.25), horarios garantizados y la eliminación de las tarifas salariales juveniles para los trabajadores menores de 18 años. Unite Union movilizó a otros sindicatos, a grupos de la comunidad y a diversos artistas para apoyar las huelgas, marchas y actuaciones musicales organizadas por los trabajadores. Haciendo mucha publicidad lograron todos los objetivos, y más de 2.000 trabajadores del sector de la comida rápida siguen sindicalizados hoy día.

El National Distribution Union, el sindicato del sector minorista de Nueva Zelanda, organiza campañas continuadas en la mayoría de las principales cadenas minoristas como Warehouse (el equivalente a Walmart) y todos los supermercados. Durante los dos últimos años miles de trabajadores se han unido en la lucha por salarios y condiciones de trabajo mejores, y a menudo los trabajadores jóvenes han estado en primera fila.

Debido a la elevada tasa de rotación del personal tanto en el sector de la comida rápida como en el minorista, hay una lucha constante por mantener estos lugares de trabajo bien organizados y en posición de conseguir cambios reales.

Los sindicatos están empezando a ajustar verdaderamente sus prioridades y a cambiar sus prácticas culturales de acuerdo con las necesidades de los trabajadores jóvenes. Se ha conseguido que desaparezca el mito de que los trabajadores jóvenes no están interesados en colectividades, y se empieza a ver que muchos trabajadores jóvenes consiguen expresarse y aceptar el reto de sindicalizarse y ganar.